martes, 11 de febrero de 2014

Cuando un recién nacido se pone malito


Sé que desgraciadamente hay muchos recién nacidos, bebés y niños con problemas de salud muy graves.
La experiencia que voy a contar no es nada comparado con lo que pasan muchos pequeñitos y sus familias.
De hecho, cuando mi príncipe se puso malito, yo pensaba muy a menudo en esas madres y me decía: "Cris, hay muchas mujeres que están mil veces en peor situación que tú y no se vienen abajo."

Mi intención al publicar esto (y cada una de las cosas que escribo en el blog), siempre es dar a conocer mi visión o experiencia sobre la maternidad.
Si alguna mami o futura mami que me ha leído alguna vez se ha enterado de algún entresijo más de la maternidad o se siente comprendida o identificada con alguna experiencia mía, yo doy por satisfechas todas las horas que invierto en el blog. De verdad.

La empatía en la maternidad es un sentimiento muy fuerte. Y muy reconfortante.

Cuando un recién nacido se pone malito

Desgraciadamente, cuando mi príncipe tenía apenas cuarenta días, se puso bastante malito.
Una mañana de domingo noté que algo no iba muy bien, mi hijo estaba bastante raro.

1º Signo de alarma: Falta de apetito.
Eso se nota muchísimo en un recién nacido que sólo toma pecho. Apenas quería mamar.
2º Signo de alarma: Duerme más de lo normal.
Solo quería dormir y dormir. Si se despertaba, se volvía a dormir en un momento, sin teta incluso.
Estos signos son suficientes para darse cuenta de que al pequeño le pasa algo. Lo siguiente es ponerle el termómetro rápidamente.
3º Signo de alarma: Fiebre. En un recién nacido (menos de tres meses) 36,5 - 37ºC se considera fiebre.

Si cumple alguno de estos tres síntomas HAY QUE LLEVARLO A URGENCIAS.

Cuando llegas a urgencias, los bebés de menos de tres meses tienen siempre prioridad, así que no ha de consentirse ninguna espera.

Por suerte, en cuanto nosotros llegamos al hospital nos atendieron.
En seguida, nos vio una pediatra que lo examinó a fondo. Nos hizo todo tipo de preguntas y sobretodo, se fió de mi opinión como madre. Me dijo que como  yo era la que mejor conocía a mi hijo,  no iban a ignorarme. Eso me tranquilizó muchísimo.

Después de examinarlo, me dijo que no sabía que le pasaba a mi hijo. Que en principio, sus constantes eran normales, pero que tenían que hacerle pruebas.
Le pusieron una vía para recoger una muestra de orina y le hicieron una analítica.
En la orina salió un leve rastro de infección.
Decidieron punzarle en la espalda para obtener líquido cefalorraquídeo. Y después, le abrieron una vía en la manita.

Mi bebé que apenas tenía un mes y medio... Pobrecito mío todo lo que tuvo que pasar. Yo ya tenía más miedo por todo lo que le estaban haciendo que por como estaba él. Mi marido incluso por un momento se negó a que le hicieran la punción lumbar. Y es que daba tanta pena.

Nos dijeron que había que esperar al resultado de los cultivos, y que por ahora, obviamente, el niño tenía que quedarse hospitalizado. Le iban a administrar antibióticos por prevención y a controlarlo todo el tiempo.

No hace falta decir que no habíamos pasado más miedo en toda nuestra vida.

Entre prueba y prueba fue mamando un poco más.
Le administraban el antibiótico por la vena, lo cual le molestaba bastante. Además, la vía era un tostón, se le salió tres o cuatro veces y volvérsela a poner era un martirio para el pobre.
Hay que tener en cuenta que a un recién nacido es súper complicado encontrarle la venita...

Estuvimos todo el domingo en urgencias con las pruebas y por fin, a la noche ya nos trasladaron a una habitación.


Teta 24 horas

Yo por lo menos, a mis veintiocho años, cuando no estoy bien, aún sigo recurriendo antes que a nadie a mi madre. Lo que más repito cuando me pasa algo es: ¡Mamá! Y es que como una madre no hay nada.
Ahora yo soy eso para otra persona, y la verdad, aún me cuesta creerlo. 

Después de la primera noche en el hospital, el peque empezó a estar más irritable.
La fiebre apenas le bajaba y debía de tener mucho malestar.
Solo se calmaba cuando le daba el pecho, que era a todas horas. Sí, de acuerdo que yo le daba el pecho a demanda, pero esa demanda era una pasada.
Acababa de curarme unas grietas hacía un par de días y en apenas doce horas de estar en el hospital ya las tenía otra vez.

Lo peor era cuando tenía que salir de la habitación para poder comer algo que no fuera un bocadillo. La verdad es que lo hacía sin ganas, porque yo sólo quería estar con mi hijo. Pero al menos, tenía que salir media hora al día de aquella habitación.
Esperaba a que estuviera dormidito y viniera mi marido o algún familiar para salir corriendo, pero la mayoría de las veces era abrir la puerta y el niño se despertaba y lloraba...

Aluciné con que no me dieran de comer en el hospital. Me peleé con mi mutua y me dijeron que en ningún caso cubren las dietas del acompañante. Ya no digamos cuando lo mencioné en el hospital (público - concertado), casi les dio la risa.
Me parece muy fuerte cuando el "acompañante" es el único alimento del paciente. Cuando el "acompañante" es la madre lactante de un paciente que tiene un mes y medio de vida. En fin...

Mi marido me trajo un sacaleches, pero como ya expliqué, era una tortura. Lo que hubiera dado por tener en esos días el sacaleches eléctrico de Medela que me acabé comprando más tarde. Nos hubiera ayudado muchísimo entonces.


Incertidumbre

Desde el domingo a mediodía estábamos en un sin vivir por no saber lo que tenía el niño.
La espera se hizo larguísima, aún más viendo que la fiebre del pequeño no bajaba y que cada vez estaba más irritable.
Lo controlaban muy a menudo y estaban súper pendientes de él. Las enfermeras no se pasaban ni un segundo cuando le tenían que administrar la medicación.
Me decían que cada vez que el peque hiciera caca (por cierto, verde y rara al principio), las avisara para que pudieran verla.  La verdad es que estuvo muy bien atendido.

Hasta el martes no supimos que lo que padecía mi niño era una meningitis por enterovirus.


¿Qué es la meningitis?

Es una inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. En general, la meningitis se contrae a través de un virus ("meningitis aséptica") o de bacterias. 
La meningitis que afecta a bebés desde el nacimiento hasta los 2 o 3 meses se denomina meningitis neonatal. Ya sea viral o bacteriana, puede ser muy grave, y cualquier retraso en iniciar el tratamiento podría llegar a causar sordera, retraso mental y hasta la muerte. 
En bebés mayores y niños, cuando la meningitis se contrae a través de un virus, resulta por lo general más leve y desaparece por sí sola en unos diez días. Sin embargo, la meningitis bacteriana ataca rápidamente y es muy grave. 
La mayoría de los virus que causan meningitis en los niños pertenecen al grupo conocido como enterovirus. Por ejemplo, el virus Coxsackie, responsable de la enfermedad mano-pie-boca es un enterovirus que puede causar meningitis. Extracto de un artículo de BabyCenter.

Más o menos fue esto lo que nos explicaron. Nos tranquilizaron muchísimo al decirnos que no era una meningitis bacteriana y que seguro que no le quedaría ninguna secuela.
Nos dijeron que se suspendía la administración del antibiótico y que no le darían ninguna medicación más aparte del antitérmico, ya que no hacía falta.
Eso sí, hasta que no estuviera veinticuatro horas sin fiebre tendría que estar hospitalizado.

Nuestra breve experiencia con el colecho

Dormía mucho pero muy mal. Entre la fiebre, el malestar general que le ocasionaba el virus, el no estar en su casa, el manoseo de médicos y enfermeros... Buf, horrible. 
El tiempo que estaba despierto lo pasaba en mis brazos o en la teta. Cuando se dormía y lo dejaba en la cuna se despertaba. La única manera de que durmiera decentemente era en mis brazos.

Yo no me había planteado la opción del colecho por varias razones que sigo manteniendo. Pero en ese momento era lo que necesitaba mi hijo. Y la verdad, si yo quería servir de algo a mi niño, tenía que dormir también. 

Así que durante esos cinco días, mi hijo y yo fuimos uña y carne literalmente. Teta y brazos de día, teta y brazos de noche.
La cama que me ponían para que durmiera en el hospital no era la más adecuada, pero no se cayó ni una vez. 
Eso sí, aunque fui capaz de dormir, no he dormido peor en toda mi vida. Todo el tiempo en tensión, acalorada... Pero lo más importante es que él dormía como un bendito.

No tenía ni idea de como sería cuando volviéramos a casa. Yo estaba preparada para todo, tenía muy claro que si aún necesitaba dormir conmigo no lo iba a obligar a dormir solo.


Por fin, ¡el alta médica!

Y al quinto día, le bajó la fiebre.
El jueves al mediodía hizo veinticuatro horas sin fiebre y por fin, pudimos volver a casa.
Simplemente nos indicaron que le controláramos la fiebre varias veces al día y si no volvía a tener, que una semana le viera su pediatra.
Tenía que acabar de pasar la enfermedad sólo y en casa.

La verdad es que mi niño no volvió a ser el mismo por completo hasta que volvimos a nuestro hogar. Es totalmente cierto que el hospital es un entorno nada ideal para una cosita tan pequeña (ni para nadie).
Siguió irritable unos días más pero no volvió a tener fiebre ni a estar desganado. En muy poco tiempo ya se le notaba que no tenía ningún tipo de malestar.

El pediatra del peque lo examinó y lo vio fenomenal. Pero nos recomendó hacerle una ecografía de la cabeza para estar totalmente seguros de que estaba perfecto.
Se la hicimos y así fue.

Y gracias a Dios, no hemos vuelto a tener ningún susto (toco madera).


La vuelta a la normalidad

Yo lo pasé bastante mal durante esos días. Siempre he sido muy pero que muy alérgica a los hospitales y en apenas mes y medio había pasado diez días en dos. Demasiado para mí.
Entre la preocupación por mi hijo, la lactancia materna, el colecho y el agobio de volver a estar encerrada, cuando volví otra vez a mi casa me sentí eufórica.

Mi hijo volvió a dormir en su mini cuna tan a gusto como antes de ponerse malito. No ha necesitado volver a dormir conmigo desde entonces. 
Poco a poco, volvió a comer con normalidad, con lo cuál mis pechos volvieron a curarse. 

Cuando mi bebé estuvo malito, sentí el miedo de verdad. Todo el miedo que había sentido a lo largo de mi vida, no es nada comparado con lo que sentí hasta que supe que él no corría peligro.

Desde este humilde rinconcito en el gran universo de los blogs, quisiera reconocer a esas madres fuertes, generosas y llenas de amor que tienen a sus hijos enfermos.
Mis mejores deseos para ellas y sus hijos.

9 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¡Me encanta este post! Está muy muy bien escrito, es muy claro, está estructurado y te explicas la mar de bien. Estoy segura que servirá para que más de un papi o mami se sienta apoyado si tiene la mala pata de que a su peque le pase algo similar. Afortunadamente tu príncipe está tan bien como para seguir haciendo travesuras y espero que sigas compartiendo tu experiencia. A mí personalmente me servirá mucho para el día en que decida convertirme en mami, a ver si en lugar de llamar a mi madre, como dices en el post, te acabo pidiendo consejo primero a ti ¡jajajajajaja! Muchos besos guapa!

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, y por todo lo que dices en él!
      Ojalá que sea como tu dices, yo con que solo una persona se sienta mejor al leer este o cualquier otro post, me doy por satisfecha.
      Yo también espero seguir por aqui compartiendo mi experiencia, desde luego comentarios como el tuyo me animan a hacerlo.
      ¡Muchos besos guapísima!

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  3. Cris que buen post, lo debisteis pasar muy mal en aquel momento, por suerte ya pasó todo

    :)

    Me alegro mucho de que hayas vuelto por aquí

    Besos

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    1. ¡Gracias guapa!
      Esta experiencia me sirvió para hacerme más fuerte, y aunque lo pasamos mal, tuvimos tanta suerte de que finalmente no tuviera consecuencias para el niño que solo podemos dar gracias al de arriba.
      Me alegro mucho de que me leas y me escribas, eres un cielo.
      ¡Besotes!

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  4. Hola!!! T sigo desde hace tiempo, pero nunca t había escrito. Me encantan tus post. Me y me alegra que hayas vuelto, ya te echaba de menos. ;-)

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    1. ¡Hola guapa! Muchísimas gracias, de verdad, agradezco mucho tus palabras. Cómo me alegra que me leas y que además te gusten mi blog. ¡Besos!

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  5. Jajajaajajja... me gusta mucho, así que no tardes tanto en escribir, pliiiisssss¡¡¡

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  6. Un blog genial, me encanta. Tus experiencias servirán para muchas mamis.
    Te sigo y me quedo por aquí.
    Te invito a mi blog.
    Besitos.

    www.modaenfamilia.es

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