sábado, 7 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 2)


Continuación de la parte 1:

Gracias al cielo, me llevaron rápido a mi habitación. Allí estaban mi marido y mis padres y hermanos, esperándonos.
Fue una escena bastante típica de mi familia, que somos un poco melodramáticos, jajaja. Nada más verlos arranqué a llorar otra vez y ellos también. Todos llorábamos.
Entre las lágrimas de emoción me decían que ya lo habían conocido, que era mi marido en pequeñito. ¡Todos habían estado más tiempo con mi hijo que yo! A mi no me había dado tiempo de fijarme en nada....

Como yo aún no tenía movilidad, tuvieron que pasarme a la cama como si fuera una abuelita. Nada más colocarme, por fin, apareció una enfermera con mi hijo.
Efectivamente era una mini versión de mi marido, una pasada. 
Desde que desperté hasta ese momento, había estado temblando de frío, pero cuando me pusieron a mi bebé encima empecé a entrar en calor. Apenas habían pasado cuarenta y cinco minutos desde que había nacido, pero a mi me pareció una eternidad.

Intenté dejar a un lado todo mi dolor físico y emocional para poder concentrarme en mi pequeño príncipe.
Era increíble, ya estaba conmigo, buscando mi pecho.
Es indescriptible lo que sentí cuando me di cuenta de que ya era madre.
Lo sentí por primera vez cuando mi hijo empezó a mamar. 
Fue justo en ese momento cuando empecé a tomar consciencia de todo. 
Pero no es instantáneo.
Mi peque nació a las 2:33 de la madrugada, y yo no dormí un ratito hasta por lo menos las seis o las siete. Me desperté con el llanto de un bebé, tardé un poco en darme cuenta de que era el mío.

No sé cómo será el postparto cuando tienes a tu hijo en un parto vaginal normal, pero me gustaría mucho poder vivirlo cuando esté otra vez embarazada.
Lo que sí sé es como es después de una cesárea.
Yo tuve mucha suerte porque desde el momento en que me retiraron el vendaje, la cicatriz tenía una pinta estupenda. Aunque me costaba la vida misma tocármela, le tenía un miedo atroz.
Pero por muy buen aspecto que tuviera, dolía como el infierno. Juro que tenía que pensar cada movimiento que hacía para no ver las estrellas. Casi cada vez que me movía, la cicatriz me tiraba aunque fuera solo un poco.

Tenía que tener mucho cuidado con la postura cuando daba el pecho al peque, para que no me pateara la herida.
La cicatriz y el estar conectada a un montón de cables impidieron que le cambiara los primeros pañales a mi hijo. Eso me dio mucha rabia.
No me pude mover de la cama durante unas doce horas que se me hicieron eternas, y cuando por fin me "desconectaron", y pude ducharme no me sentí muy bien conmigo misma.
Sé que a muchas mujeres les pasa lo mismo y que es normal, pero no dejar de ser algo raro. Sentía una especie de miedo y rechazo hacia mi cuerpo.
Ya no estaba embarazada, pero no estaba como antes. Tenía unos pechos enormes, una barriga de cinco meses y una gran cicatriz a lo ancho de mi vientre. Y unas piernas monstruosas en las que no se distinguían los tobillos.

Yo di a luz en un hospital privado. Uno de los motivos de peso para hacerlo es la privacidad y la comodidad.
Mi marido tenía una cama para poder dormir, mis visitas un sofá y sillas y espacio para caber todos. Mi cuarto de baño era como el de una casa. No oíamos llorar a ningún bebé que no fuera el nuestro.
Y sobretodo, no tenía que estar con otra familia de personas desconocidas.
Para mí, todas las cuotas de la mutua merecen la pena solo por esto, por el tiempo que se está después de dar a luz en el hospital, que en mi caso fueron cinco días.
Los primeros días de lactancia materna, los primeros días de maternidad fueron difíciles aunque maravillosos y la verdad, todas esas comodidades y esa privacidad de las que disfruté, me ayudaron mucho a sobrellevarlo.

Hay gente a la que esto le da igual, y yo lo respeto, pero en mi cabeza no entra que uno de los momentos más importantes, difíciles, sensibles, etc. de tu vida tengas que compartirlo con una familia de extraños (y el desfile continuo de visitas) en la misma habitación. Porque que yo sepa en la mayoría de hospitales públicos es así. Me parece una vergüenza.

Una ventaja de estar tantos días en el hospital es que me subió la leche estando allí y me asesoraron y ayudaron mucho en el proceso.
A mi príncipe incluso se le cayó el cordón umbilical al tercer día. ¡Me dio un susto de muerte porque no esperaba que pasara tan pronto!
Con el paso de las semanas, el dolor de la zona de la cicatriz fue disminuyendo cada vez más. Pero yo diría que no empecé a sentir la zona completamente como antes hasta pasados los tres meses más o menos.
Además, no tuve que ir a la consulta con la ginecóloga hasta que no terminó la cuarentena porque me cosieron con unos maravillosos puntos re-absorbibles.

Para mí, fue un chasco enorme que me practicaran una cesárea, aunque fuera algo inevitable, y fue peor todavía porque me sentí absolutamente incomprendida.
A pesar de que mi entorno era consciente de lo que supuso para mí, todos me decían que tenía que estar contenta porque el niño estaba bien.
Pues claro que lo estaba, mi felicidad era completa con solo mirarlo. Yo soy su madre y soy la primera que piensa en el bienestar de mi hijo. Pero, una cosa no quitaba la otra.

En esos momentos sentía que a nadie le importaban mis sentimientos, lo único que hacían cada vez que yo sacaba el tema para desahogarme, era minimizarlo y evitarlo. Y eso es lo peor que se le puede hacer a una mujer que ha pasado por una cesárea por la que no eligió pasar.
Al final, me cansé de esas reacciones y me lo tragué todo yo sola, estaba harta de sentirme una llorona.
No buscaba que se compadecieran de mí. Sólo un poquito de comprensión.

Me molesta que la sociedad en general no entienda que una mujer quiera tener un parto natural y que si no lo tiene, puede sufrir mucho. A mí me han llegado a decir "¡Pero que más te da!, si es mejor!" o "Así salen los bebés mucho más guapos, no sufren", y otras lindezas varias.
Cada mujer se lo toma de una forma muy distinta, eso está claro. A mi me afectó bastante y lo viví con sentimientos encontrados, pero poquito a poco conseguí superarlo.

Es cierto que cuando te conviertes en madre, pasas un segundo plano en muchos sentidos, quizá a mi me pasó que me sentí demasiado poco importante. A lo mejor por eso me afectó más.
Aunque ahora pueda parecer que fue algo traumático, no lo fue. Que nadie piense que escribo esto en plan dramático. Para nada.
Nada de lo que sufrí estuvo reñido con el amor y la felicidad que sentí por la vida de mi hijo.
Absolutamente todo lo que pasé merece la pena, lo pasaría una y otra vez si hiciera falta.

Como moraleja de mi historia yo diría que no hay que dar nada por sentado.
Yo estaba súper predispuesta a tener un parto natural y totalmente indispuesta a tener una cesárea.
La próxima vez me lo tomaré de otra manera, eso está clarísimo. Porque a la hora de la verdad puede pasar cualquier cosa y al fin y al cabo se trata de eso, de dar vida. La vida ante todo.
Y sufrir por sufrir es tontería.

1 comentario:

  1. Hola, agradezco mucho te tomes el tiempo para compartir tu experiencia; me identifico mucho en varios aspectos, estoy próxima al nacimiento de mi bebe y deseo que sea parto normal y como tu veo documentantales, leo experiencia de otras mujeres; hasta ahora la tuya me ah tocado de una manera muy especial porque no me había planteando que cuando parece que todo pinta para un parto normal cambie en el ultimo momento, estoy abierta a la posibilidad de una cesárea por el bienestar de mi bebe, pero espero con todo mi corazón todo se de en las mejores condiciones.

    Gracias por compartimos esa experiencia maravillosa, espero que tu próximo parto no tenga complicaciones.

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